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A los 64 años falleció el director, actor y adaptador Adrián Blanco

El creador, de sorprendente capacidad creativa, falleció víctima de Covid-19, que le complicó un cáncer de estómago precedente, informaron sus allegados.

El creador, de sorprendente capacidad creativa, falleció víctima de Covid-19, que le complicó un cáncer de estómago precedente, informaron sus allegados.

Hombre afable, de convicciones firmes, enorme sentido del humor y conocedor como pocos de la obra del novelista polaco Witold Gombrowicz, Blanco se había iniciado en el Instituto Vocacional de Arte Labarden, con Ariel Bufano y Luis Agustoni como primeros maestros, estudios que completó en la Escuela Nacional de Arte Dramático.

Sus primeros tiempos como director están integrados por títulos como “La Mabel”, de Santiago Varela (1988), “Asociaciones baratas”, de Pablo Chiacchio (1989), “Ojo por ojo”, versión propia de “África”, de Roberto Arlt (1995), “Locos de contento”, de Jacobo Lagsner, (1998, en la localidad de Monte Hermoso).

En esa primera etapa figuran también “Pulp”, versión propia sobre la novela homónima de Charles Bukowski (1998), “Miopes”, de Alfredo Grande (1999), “Plástico cruel”, de José Sbarra (2001), “Despertate Cipriano”, de Francisco Defilippis Novoa (2001), que también protagonizó, y “El farmer: Rosas en el destierro”, de Andrés Rivera (2002).

Una de sus últimas y elogiadas puestas fue “Fedra”, de Juan Mayorga, con Marcela Ferradás y Horacio Peña, que en 2019 fue su entrada triunfal al Teatro San Martín, pero también están en la memoria “Por la gloria”, de Ricardo Halac (2015), “Errante en la sombra”, de Federico Andahazi (2015) y “El Plauto”, de Carlos Trías (2016), ejemplos de concepto teatral en los que el entretenimiento y la sorpresa no se chocaban con la profundidad.

Como actor se destacó en “Vine a verte, papá” (1982, de Jorge Palant), “El show de la Rosetto” (1988, de Oscar Balduchi, en Carlos Paz, por la que fue ternado como revelación masculina en los premios Carlos 88), “La damma boba” (1991, de Lope de Vega, con adaptación y dirección de Antonio Rodríguez de Anca), “Arlequino” (1995 y 2010, de Carlo Goldoni, con La Banda de la Risa), “Caricias” (1996, de Sergio Belbel, con dirección de Claudio Nadie), “Alma en pena” (1997, de Eduardo Rovner, dirigida por Alejandra Boero), “Luces de bohemia” (1999, de Valle-Inclán, dirigida por Villanueva Cosse), “El movimiento continuo” (1993, de Rafael de Rosa y Armando Discépolo).

Su versión de “Trans-Atlántico” mereció los mayores elogios durante 2009 en el Teatro Nacional Cervantes. Por esa obra estuvo nominado al Premio Florencio Sánchez como mejor director, dentro de un arco temático que culminó en 2018 con “¡¡¡Bacacay, un crimen premeditado!!!”, cuya adaptación compartió con Mario Frías, y que lo dotó del soñado Premio Trinidad Guevara como mejor director.

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