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Carmela
(Verónica Faral) y Paulino (Fernando Cueto) son dos actores de
variedades que recorren España durante la Guerra Civil (1936-1939). En ese andar por el país atraviesan, por error, la línea que separa a los dos
bandos, y se encuentran, inesperadamente, entre las tropas nacionales
que acaban de tomar la Villa de Belchite. Allí se verán empujados a
improvisar una función teatral, bailando y cantando en honor del bando
vencedor, debatiéndose en su dignidad.
Esta
obra de José Sanchís Sinisterra, uno de los dramaturgos más
representativos y premiados de la escena española, escrita en 1987, y
llevada al cine dos años después por Carlos Saura, habla de la fuerza de
la memoria en la lucha contra el olvido.
La
dirección de Alejandro Giles para este clásico encuentra también en los
dos protagonistas la fuerza necesaria para un relato que no pierde
vigencia. Verónica Faral compone una Carmela entrañable, con gracia de
sus movimientos y una simpatía que la volverá querible al espectador.
Por su parte, Fernando Cueto se mete en el cuerpo de un actor cuyo rasgo
principal es el miedo, haciendo buen contrapunto con su rebelde
compañera. Ese desconcierto es el que guiará su devenir. Personajes que
crecen en intensidad hasta el cruento desenlace.

Dos
actuaciones prolijas para un texto que emociona. Un relato que pretende
hacer un llamado a recordar esos años de guerra interna donde España se
tiñó de rojo sangre. Porque la vida de los muertos es la memoria de los
vivos.

Ficha técnica:
Actores: Verónica Faral y Fernando Cueto.
Guión: José Sanchís Sinisterra.
Dirección: Alejandro Giles.

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