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Manu (Julián Krakov) acaba de terminar su noviazgo con Pamela (Natalia Señorales) y ahora ella tan solo es un recuerdo. Con él están dos hombres (Patricio Aramburu y Pablo Cura), que parecen acompañarlo, ya que siguen con atención cada palabra dicha, y también comparten sus historias. Uno fue dejado por su pareja, mientras que el otro no deja de pensar en la secretaria de su dentista. Sus características los asemejan, junto a relatos que parecen completarse unos con otros. Y la mujer, siempre presente, como contrapunto.
Los cuatro, vestidos de negro, en un espacio despojado, quieren hablar de amor, y cómo la soledad se les cuela en sus vidas.
Un relato de muchas voces, interpretaciones que se apoyan unas en otras, con un texto crudo, y a la vez, poéticamente bello. La carga en imágenes y la fuerza de los decires, acompañados de una correcta iluminación y música, que brindan clima, hace que el viaje no necesite elementos extras. La obra no tiene escenografía. Y quedará a la imaginación del espectador qué es ese lugar, donde los protagonistas tienen que esperar, porque afuera hay tormenta.  
Su director, Cristian Drut, se refirió a “El mal de la montaña” como una obra “no de situación dramática, sino más bien discursiva, y en cada soliloquio hay mucho brillo.” Y él bien supo interpretar el espíritu del texto de Santiago Loza, para trasladarlo a cuatro actores cuyas roles, sólidos, destacan.
La potencia del peso de la palabra. Lo que se dice, y también lo que no, en el amor como en la vida. Una obra intensa, lograda, distinta, interesante.
Ficha técnica:
Actores: Patricio Aramburu, Pablo Cura, Julián Krakov y Natalia Señorales.
Guión: Santiago Loza.
Dirección: Cristian Drut.

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