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Una madre (Analía Sánchez)
omnipresente casi postrada en un sillón. La presencia fantasmal de un padre
(Federico Marrale) ausente que vuelve de cuando de cuando. Un hijo (Enrique
Dumont) que naufragando entre la pena y la bronca, busca comprender su pasado y
su presente. 
Estas conflictivas relaciones son
el eje de “El invernadero”, una historia en tiempos quebrados, cuyas metáforas,
por momentos, remiten a un “Hamlet” de William Shakespeare. 
Desde una interesante puesta
minimalista, un piso de tierra, seco, parcelado, juega con esa familia
fragmentada. Y atrás, el lugar resguardado, refugio de un hijo, y los
recuerdos.
Con esa figura, Enrique Dumont
logra empatía con el público, que, en situaciones, hablándole directamente, lo
hace cómplice de lo que sucede. Así hecha luz por sobre los otros personajes, cuyos
textos resultan más ríspidos. La actuaciones de los tres protagonistas son
correctas, bien dirigidos por Alejo Sambán, que se mueven en un espacio
escénico interesante de ver.
Una historia que interpela desde
los vínculos de una familia, y un hijo que deambula, como muchos, en una
sucesión de sentimientos hacia sus progenitores.
Ficha técnica:
Actores: Analía Sánchez, Federico
Marrale y Enrique Dumont.
Guión: Luis Cano.
Dirección: Alejo Sambán.

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